La eterna búsqueda de la humanidad por las llamadas «curas» y «elixires de la vida» continúa hasta este día. En general, la gente piensa en términos de “remedios”, al punto que incluso cuando finalmente consultan a un profesional higienista su primera pregunta en muchos casos es «¿cuánto tiempo llevará curarme?». De esta manera ponen la responsabilidad de su recuperación en los hombros del terapeuta y no donde realmente corresponde; sobre los suyos.

Esta tendencia de «pasar la pelota» es sinónimo del deseo de los pacientes de recuperarse rápidamente. Están tan acostumbrados a ver cómo sus síntomas desaparecen con el pinchazo de una aguja, la inhalación de un gas, la aplicación de un bálsamo o el consumo de un jarabe calmante, que esperan el mismo alivio instantáneo cuando se embarcan en un modo de vida higiénico.

Estos pacientes se olvidan de que ese alivio rápido era solo temporal, un mero espacio para respirar dentro de su enfermedad continua y, sin embargo, este «punto ciego» se repite constantemente. Aquellas personas, acostumbradas a sufrir agonía, día tras día, durante varios años bajo medidas médicas ortodoxas, debido a este “punto ciego” son incapaces de esperar pacientemente para darle una oportunidad a la naturaleza. A lo sumo, están dispuestos a darle a la naturaleza de dos a tres semanas para arreglar las cosas, luego ya lo abandonan considerándolo un fracaso. No pueden entender que son ellos quienes han fallado y no la naturaleza, y no al revés.

Necesitan aprender que el resultado de muchos años de abuso y negligencia requieren tiempo para sanar, incluso después de que el abuso haya cesado. La restauración de la salud es un proceso gradual, al igual que un síntoma de una enfermedad en particular toma tiempo para evolucionar. Esto es especialmente cierto en el caso de personas que sufren enfermedades crónicas.

Enfermedad crónica

En las enfermedades crónicas siempre hay deterioro, degeneración y decaimiento gradual. El inicio gradual de la degeneración se debe a la resistencia que presenta el cuerpo en sus intentos por corregir los abusos y las negligencias reiteradas, mediante esfuerzos de auto curación en forma de enfermedades agudas. Y también al hecho de que las fuerzas de reparación y regeneración están siempre ocupadas en los intentos de superar, en la medida de lo posible, los pecados constantemente impuestos al cuerpo.

Solamente nos empeoramos contra esta resistencia obstinada porque logramos vencer los poderes de resistencia del cuerpo. Si nuestras locuras son continuas, entonces la generación de daño es continua. El daño se acumula, pero esta acumulación lleva tiempo. A veces, el daño que se hace es irreversible, como cuando una válvula cardíaca se erosiona gradualmente. A veces, también, el daño causado es tan extenso y grave que el cuerpo necesita meses, incluso años, para restablecer la normalidad de los tejidos y órganos de modo que puedan funcionar con total eficacia.

La respuesta a la pregunta, «¿Qué tan pronto puedo mejorar?», depende de varios factores:

  1. La edad de los pacientes. Cuanto más joven sea, mayor será la posibilidad de una rápida recuperación porque la vitalidad suele ser más abundante en los jóvenes. Sin embargo, hay excepciones, y algunas personas son «viejas» a los veinte años.
  2. Lo que el paciente esté dispuesto a hacer y hasta qué punto está dispuesto a cooperar con los requisitos de su cuerpo. Debe estar preparado para eliminar o rectificar todas las causas de debilidad, impureza y sufrimiento, es decir, debe estar preparado para cambiar de página en su vida, y permitir que los hábitos de salud e higiene se conviertan en parte integral de su vida cotidiana.
  3. Cuánto daño se ha hecho y en qué medida. Cuanto mayor sea el daño, mayor será el factor de tiempo requerido para la recuperación. Incluso cuando se adhieren a los hábitos higienistas, el cuerpo puede revertir hasta cierto punto en un espacio de tiempo determinado. El cuerpo utiliza una gran parte de su energía y su poder de funcionamiento para mantenerse en marcha. Tiene que acumular gradualmente una gran reserva de energía con la que hacer el transporte y la limpieza de los escombros, y, además, comenzar a construir de nuevo; todo esto lleva tiempo.

Un principio general

Roma no fue construida en un día. Como principio general, uno debe esperar permitir al menos un mes por cada año de enfermedad y mala salud. En otras palabras, alguien que haya tenido un problema particular durante 15 años deberá permitir que el cuerpo se corrija por lo menos durante 15 meses por medio de sus procesos de auto restauración.

La curación es un proceso biológico, no un arte. La higiene natural no conoce ningún poder aparte del cuerpo vivo que sea capaz de curar el organismo enfermo y herido. El arte del profesional higienista reside en su capacidad para señalar al paciente los hábitos que acortan la vida y los hábitos que la restauran. No tiene una fórmula mágica, una varita mágica o un poder sobrenatural que le permita eliminar los problemas. Solo puede señalar el camino. Es el propio paciente quien debe recorrerlo.

El profesional explicará la falacia de la identificación del problema mediante uno o dos síntomas prominentes, y que la salud no se ha restablecido solamente porque la mayoría de los síntomas molestos se han eliminado. El camino de regreso a la salud plena es todavía largo.

Sin embargo, lo importante para quien busca la salud es que entienda que una vez que haya adoptado un modo de vida saludable, debe perseverarlo y no dejarse desviar hacia callejones sin salida por aquellos que lo atraparían con promesas de “curas” rápidas.

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