Si observamos la Naturaleza de forma consciente, nos damos cuenta que la salud es la condición universal. Plantas, árboles, flores, insectos y todo tipo de animales, muestran un estado innato de belleza, plenitud, vigor, y armonía. La salud es lo normal entre los seres vivos le acompaña cada instante. Desde una simple hormiga o una flor o un robusto árbol o cualquier vigoroso animal tienen en común que la salud es inherente a ellos. Encontrar en plena naturaleza a un ser vivo enfermo, no es muy habitual y cuando eso sucede muchas veces es debido a que su entorno ha sido alterado, contaminado o destruido por la mano inconsciente e ignorante del ser humano.

No hay excepción, nosotros también formamos parte de la Naturaleza, somos seres vivos. La Naturaleza, el Universo no se olvidó de nosotros. Si la salud es inherente a todos los seres vivos, también lo es en cada ser humano. Si nuestro nivel de salud es inferior al resto de los seres vivos, no lo es porque seamos diferentes en esencia o nuestro cuerpo sea inferior, sino porque nos hemos alejado de nuestra esencia natural, de nuestras adaptaciones biológicas y no respetamos las necesidades de nuestro cuerpo como hacen el resto de los seres vivos, por eso, actualmente hay millones de personas enfermas o con un nivel de salud muy bajo.

En esencia, no somos tan diferentes a los demás. Somos energía amor condensada en un cuerpo físico. Nuestras necesidades son similares al resto de seres vivos: respiramos, dormimos, comemos, sentimos, amamos, nos reproducimos, etc., pero lo que sí nos diferencia es que solemos perjudicarnos a nosotros mismos de diferentes maneras. Nos hacemos daño con frecuencia consciente e inconscientemente. Nos rechazamos a menudo y nos desconectamos del amor latente que anida en nuestro ser interior. Mientras no respetemos a nuestro cuerpo, mientras no seamos más conscientes de lo que somos, nuestra salud innata se deteriorará cada vez más y será más difícil que nuestro potencial innato se manifieste plenamente.

Nuestro cuerpo está diseñado para vivir y desarrollarse en total plenitud y armonía. La unidad, amor y fraternidad impera en él. Nuestro cuerpo es un milagro del Universo y ha sido elaborado por una inteligencia y un saber divinos. Es maravilloso, es amor, posee una inteligencia, una sabiduría, un poder superior que escapa a nuestra capacidad de imaginación. Realiza diariamente cuatrillones de procesos de forma controlada e inteligente. Se dice de él que atesora más sabiduría e inteligencia que todo el conocimiento y saber acumulado por la raza humana en toda su historia. Posee en su interior más de 75 billones de habitantes, las células que se encuentran en todas las partes del organismo. Su función consiste en producir energía y fabricar los componentes del cuerpo. Dentro de ellas se producen más reacciones químicas que todas las fábricas químicas del mundo. Aquellas células que no son de la mejor calidad posible son reemplazadas al instante por otras de una calidad superior. Cada segundo, se reemplazan cerca de 50 millones, de esta forma, el número de ellas se mantiene siempre estable. Aunque cada célula está especializada en una tarea determinada, muchas de ellas deciden agruparse con sus compañeras inmediatas formando los tejidos. Estos tejidos forman los órganos, estómago, hígado, corazón, pulmones, etc., que a su vez constituyen sistemas del cuerpo, un conjunto de órganos que desempeñan funciones más o menos semejantes como el sistema digestivo, sistema cardiovascular, sistema respiratorio, etc. Todo nuestro cuerpo es una unidad destinada a que nuestras células vivan lo mejor posible. Todos los órganos y sistemas cooperan para su completo bienestar, en una estrecha dependencia entre ellos. Sus tejidos y órganos formados por millones de células tienen una capacidad inmensa y han sido creados para funcionar eficazmente y de la mejor manera posible. Las funciones de cada órgano se ejecutan con una maestría inigualable. Ante tal perfección, la salud tendría que ser la norma.

Nuestro cuerpo realiza millones y millones de procesos al instante sin necesidad de nuestra consciencia y control. Cuando estudiamos los procesos y funciones que realiza nos quedamos asombrados y ante la inteligencia y sabiduría que posee. Si nuestro cuerpo es capaz de crear un nuevo ser vivo, de realizar millones y millones de procesos simultáneamente sin necesidad de nuestra conciencia y control, de controlar a más de 75 billones de células, está claro que es capaz de estar sano perfectamente. Ante tanta maravilla lo inteligente y sensato es cuidar a nuestro cuerpo lo mejor posible.

Nuestro cuerpo es la máquina más perfecta del mundo. Es tal su poder, su fortaleza, su amor que incluso aunque llevemos años y años, o toda nuestra vida maltratándolo de muchas maneras, aun así, mucho daño y sufrimiento debe padecer para que claudique y se deteriore gravemente. Normalmente prestamos más atención y cuidamos más a las cosas materiales de nuestro entorno que a nuestro maravilloso y único cuerpo. Solamente tenemos un cuerpo físico irreemplazable que nos sirve para relacionarnos con el entorno y como instrumento para que nuestro ser interno se manifieste, aprenda y evolucione. Y a veces, aunque nuestro cuerpo reciba un trato insano durante décadas o toda una vida, es tal su perfección, su resistencia, su poder, que, aunque esté deteriorado, muchas personas alcanzan los cien años. ¡Es difícil acabar con nuestro maravilloso cuerpo!

Es un milagro de la Naturaleza. Nuestro cuerpo es tan maravilloso, tan perfecto que merece un cuidado por parte del ser que habita en él. Nuestro cuerpo dispone de muchísimas posibilidades, su generosidad es inmensa y trabaja cada segundo de nuestra vida para nuestro propio bienestar. Su salud es inherente; para mantenerla, lo único que nos pide es que le cuidemos, le respetemos, le escuchemos y tengamos en cuenta sus necesidades, practicando unos hábitos sanos.

Nuestro cuerpo nos transmite cada instante como está y es un reflejo de cómo estamos a nivel psíquico-emocional-espiritual. Nunca se equivoca y siempre busca lo mejor para nosotros. Cuando siente un dolor físico, nos lo comunica. Cuando hemos hecho algo o le hemos dado algo que no es sano, procura avisarnos. Cuando siente placer también. Cuando nuestra mente genera emociones, se manifiestan con síntomas físicos, etc. Sin embargo, la mayoría de las veces no le escuchamos o interpretamos incorrectamente sus mensajes. De esta forma, vamos desconectándonos con él, perjudicando su salud.

Imitemos al resto de los seres vivos y fluyamos con nuestra esencia, con nuestro potencial natural practicando un estilo de vida sano, natural y consciente. Respetemos y escuchemos el instinto innato que nos guía desde que nacimos e intentemos la adherencia a los principios que mantienen y gobiernan la salud.

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