El antiguo término, catarro, ha caído en desuso. Ya no oímos hablar de catarro de nariz, sino de rinitis, ni de catarro de útero, sino de metritis, etc. De igual forma, el antiguo término dispepsia y catarro de estómago han sido sustituidos por el término gastritis crónica, que significa «inflamación crónica del estómago». Uno puede tener, en lo que solíamos llamar catarro nasal, una inflamación aguda de la nariz. De igual forma, la inflamación de la membrana que recubre el estómago puede ser aguda o crónica. Crónico (de la palabra cronos, tiempo) es un término que se aplica a enfermedades persistentes. Los síntomas de las enfermedades crónicas no suelen ser tan graves como los síntomas de las enfermedades agudas.

Existen muchos y distintos grados de gastritis crónica, desde los que pasan inadvertidos y que sólo se manifiestan por la lengua saburrosa, mal aliento y un ligero malestar tras las comidas, hasta los casos de aquellas personas que pasan mucho tiempo buscando un fármaco que les alivie o una comida que no les siente mal. Los hábitos alimentarios generan tanto desgaste natural en el estómago que hay muy pocas personas que no padezcan, en más o menos grado, indigestión, con la consecuente irritación de este órgano.

La costumbre casi universal de comer en exceso; de comer a todas horas, durante el día y la noche; de comer alimentos inadecuados; combinaciones inadecuadas; junto con la costumbre de tomar fármacos para aliviar el consecuente malestar, es la principal, aunque no la única, causa de la indigestión crónica y de la gastritis crónica. El estómago humano, en especial el de los estadounidenses, casi siempre está sobrecargado por el exceso de comida y por comer de tal forma y en tales condiciones que la digestión se hace muy lenta.

Comer con demasiada frecuencia es una gran fuente de irritación gástrica, al igual que lo es la costumbre de llenar demasiado el estómago en cada comida. En especial, cuando cada comida se convierte en un banquete. La mayoría de las personas pueden tomar un desayuno de frutas, un ligero almuerzo y una buena cena; no obstante, cuando hacen gran desayuno con huevos, bacon, tostadas, cereales, leche, frutas y otros alimentos, un gran almuerzo al mediodía y otra gran comida en la cena, es seguro que están comiendo en exceso. Esa forma de comer no permite que el estómago descanse lo suficiente entre una comida y otra.

Aunque el comer en exceso y combinaciones inadecuadas de alimentos que impiden la digestión normal pueden considerarse como las causas principales de la irritación crónica del estómago, también impide que se realice el proceso digestivo la costumbre de comer deprisa, sin masticar bien los alimentos, comer alimentos muy fríos o calientes, comer cuando se está cansado, con estrés emocional, cuando se tiene frío, y la costumbre de hacer una comida pesada y ponerse de inmediato a trabajar. Todos estos abusos preparan el terreno para las enfermedades de estómago.

A pesar de que tomar estimulantes, como té, café y coca-cola, y narcóticos, como tabaco y alcohol contribuyen a que se produzcan daños gástricos, la costumbre de utilizar condimentos es incluso peor. Las fuertes salsas, la pimienta y mostaza picante, el vinagre, el alcohol, la irritante sal: ¿cómo y cuándo comenzó el hombre la costumbre de destrozar su sistema digestivo con estas desgarradoras y cáusticas sustancias? El curry y la cayena, la mostaza y el rábano picante, el chili y el tabasco, el whisky y la ginebra. No tienen ningún valor nutritivo, son indigestas y retardan la digestión de los verdaderos alimentos. Cuando se toman habitualmente, mantienen el estómago en un estado de inflamación crónica. Dañan los intestinos y también el hígado. No tienen ni una propiedad que pueda redimirlas y ninguna de las defensas que se hace en pro de su uso tiene validez.

Deberíamos entender que cualquier acto, hábito o indulgencia que disminuya los poderes funcionales, es decir, cualquier cosa que provoque enervación, disminuirá la función digestiva y preparará el terreno para la evolución de la gastritis crónica. Un exceso de trabajo, falta de sueño, de descanso, excitación, deficiencias alimenticias, el estrés emocional, etc., provocan indigestión al disminuir la capacidad nerviosa para mantener un funcionamiento normal.

La gastritis crónica suele pisarle los talones a la gastritis aguda recurrente. Esta tendencia de la gastritis aguda a convertirse en crónica se debe a que nunca se eliminan las causas que provocan las crisis agudas recurrentes. Tan pronto como el paciente se recobra de una gastritis aguda comienza de nuevo a generarla. Ambas formas de gastritis se deben a la misma causa o causas. La gastritis aguda es más común en los jóvenes; la gastritis crónica se da más en los adultos.

Los fármacos que se administran para las enfermedades agudas suelen dañar el estómago de tal forma que se genera una gastritis crónica. Comer durante una enfermedad aguda no ayuda a evitar una gastritis crónica. De igual forma, la gastritis crónica que se dice es causada por la artritis, gota, etc., se debe, en gran medida, a los fármacos. Por ejemplo, la aspirina tiene un efecto muy irritante sobre el estómago. En esta enfermedad, cuando a los fármacos se le suma una alimentación inadecuada y otras causas de enfermedad, la gastritis crónica es casi inevitable.

Los fármacos que se emplean en el tratamiento de enfermedades crónicas y agudas no son los únicos que dañan el estómago y provocan gastritis crónica. Los fármacos que se suelen utilizar para suavizar los efectos de una comida pesada y otros abusos habituales que cometemos con el estómago, así como los fármacos normalmente utilizados para el tratamiento de la gastritis crónica, dañan el funcionamiento del estómago, provocan irritación, debilitamiento e impiden el proceso de digestión. El alivio temporal que ofrecen se paga con un terrible precio, en el que se incluye el coste por la úlcera gástrica y cáncer.

Eructos gaseosos; alimentos cortados y fermentados; amargor en la boca; una afección normalmente denominada ardores; los gases que producen sensación de quemazón en la garganta y en la nariz; el mal sabor de boca; lengua saburrosa; mal aliento; malestar estomacal; a menudo dolor frontal de cabeza; diarrea o estreñimiento o la alternancia de ambos; debilidad y una sensación de vacío; poco apetito o ninguno en absoluto; sensación de pesadez; hinchazón después de comer; cuando todos estos síntomas se suceden, a menudo durante años, hacen que, para la persona que padece gastritis crónica, la vida sea insoportable.

Un apetito caprichoso, incapacidad para comer ciertos alimentos que no sientan bien, periodos de excesiva hambre, pérdida de peso por malnutrición, arritmia cardiaca debido a la presión de los gases, dolores de pecho por la misma razón, algunas veces dificultad para respirar debido a la presión gaseosa, debilidad, imposibilidad de dormir, depresión mental, melancolía, nerviosismo y, en algunos casos, incluso leves síntomas mentales: el grado y la combinación de síntomas varía en cada individuo, y casi completa la idea de la miseria en la que vivían aquellos que nuestros abuelos llamaban  dispécticos.

Quizá ningún estado de salud deteriorado responda mejor ante el descanso fisiológico como la indigestión crónica. No habría ni que decir que deberían eliminarse todas las causas de enervación, de mala digestión y de irritación estomacal. Mientras se mantengan las causas, no es posible ninguna recuperación. Elimina estas causas y proporciónale al estómago discapacitado el descanso que necesita, y él mismo reparará sus daños, recuperará las fuerzas y comenzará de nuevo a funcionar con normalidad.

No pienses por esto que el proceso va a ser simple en los casos que han padecido estos trastornos durante mucho tiempo. Algunas de las víctimas se recuperan con lentitud y con muchas regresiones, por lo que se requiere una gran habilidad para conducirlos de nuevo hacia la salud. La alimentación tras el ayuno tiene una importancia especial y a menudo presenta problemas. Las dietas que incluyen toda clase de productos alimentarios, las papillas fabricadas, los programas de alimentación basados en la mentira farmacéutica de que todo hombre y mujer, independiente de sus peculiaridades, ocupación y capacidad digestiva, deben comer cierta cantidad de alimentos cada día, todos encuentran su San Martin en la gastritis crónica.

La alimentación debe ser moderada, algunas veces sólo dos comidas al día y en casos ocasionales, sólo una. Los alimentos se deben combinar de forma adecuada, las comidas deberían ser sencillas y todos aquellos alimentos que supongan un problema para el individuo deben excluirse de la dieta. Para conservar la fuerza y vitalidad del paciente, el descanso y el dormir son muy importantes, como lo es el ejercicio en el momento adecuado. El aire puro, la luz del sol y la tranquilidad, así como un ambiente de equilibrio mental, ayudan inmensamente.

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