Si leemos los periódicos y revistas populares y nos atenemos a las estadísticas, veremos la necesidad urgente de efectuar un acercamiento nuevo y radicalmente diferente a los temas de salud y enfermedad.

Actualmente, el problema más crítico que nos amenaza es el aumento de la incidencia de las enfermedades crónicas degenerativas. Donde quiera que la civilización se desarrolle y progrese, también lo hacen, en la misma proporción, la degeneración y las enfermedades.

Por lo general, no conocemos nuestras necesidades y exigencias biológicas, e ignoramos o pasamos por alto las causas de nuestros sufrimientos. Mientras, se desarrolla un enorme sistema de terapias para tratar las consecuencias de un sofisticado y anormal modo de vida.

Una aproximación a la terapia higienista

El objetivo de estas terapias, es paliar los síntomas de la enfermedad, contribuyendo a que las causas se mantengan de forma indefinida. Una de las peores consecuencias radica en el hecho de que mientras se empleen los medicamentos no se prestará atención a las causas. ¿Cuántas personas gozan de buena salud? ¿Cuántas saben lo que es la buena salud? Una persona que toma laxantes tres o cuatro veces a la semana, ¿goza de buena salud? ¿Tenemos buena salud si sufrimos dolores de cabeza una o dos veces a la semana? ¿tenemos buena salud si no podemos dormir de noche, o si nos levantamos cansados por la mañana? ¿No es un signo de mala salud sufrir molestias después de las comidas?

Son innumerables los síntomas fastidiosos que se han vuelto tan comunes que se consideran insignificantes. No podemos permitirnos el lujo de ignorar el hecho de que los síntomas son los efectos de las causas. Suprimir los síntomas no es la solución, sino el origen de problemas aún mas serios. El concepto de salud raramente se define con claridad. Es muy corriente que un enfermo diga: “Excepto mi artrosis, tengo buena salud” o “Salvo mi úlcera, estoy muy bien”. Para los higienistas son afirmaciones disparatadas; en cambio, para la mayoría no son contradicciones. Tenemos falsas normas de salud, carentes de criterio para juzgar.

La salud debe ser relacionada con el modo de vida, ya que depende de ciertos factores básicos con los que el organismo construye sus tejidos y organiza las estructuras a través de las cuales desempeña sus funciones. Los factores como la alimentación, el sueño y descanso, los factores psicoemocionales y comprensión y aceptación de las circunstancias de la vida entre otras cosas, son condiciones vitales para la salud.

Sostenemos que las enfermedades se desarrollan como resultado de negar nuestras necesidades biológicas.

La idea común en la mente de la gente es que la enfermedad puede ser curada sin eliminar las causas y sin reemplazar estas causas por las condiciones de salud. Aunque estén enfermas de cáncer de manera desesperada, muchas personas piensan que recobrarán la salud un minuto después de que el cirujano haya extirpado el tumor. Eso implicaría que, a raíz de una enfermedad degenerativa seria, un organismo pueda sanar a cambio de unos minutos de sufrimiento. Tal creencia desafía la razón. La curación es un proceso biológico, y la evolución desde el estado de enfermedad hasta el de la salud requiere tiempo para que crezcan y se desarrollen tejidos nuevos. ¿Por qué no queremos reconocer que la salud y la enfermedad son evoluciones que dependen del modo de vida?

El cuerpo siempre tiende a crecer y desarrollarse sanamente, pero exige materiales con los que trabajar, factores e influencias esenciales. Si se priva de ellos, fracasará en la realización de su objetivo, y si estos elementos se proporcionan en exceso o de manera desequilibrada, no podrá conseguir un resultado óptimo. El organismo vivo es controlado y dirigido por el sistema nervioso, que no proporciona energía funcional, sino que meramente coordina y combina las funciones del organismo. La aparición de problemas funcionales indica el principio de la enfermedad. Dichos problemas son múltiples.

Generalmente, los síntomas de enfermedad representan procesos curativos, defensivos y reparadores. Cualquier alteración en el cuerpo como resultado de algún factor externo o interno, ocasiona una modificación de las funciones del organismo, que se prepara para defenderse, repararse o adaptarse. Orgánicamente, el cuerpo siempre debe de mantener o recuperar la homeostasis interna. Si el cuerpo desencadena una fiebre a causa de una enfermedad interna, ¿por qué intentar cortarla? Si el cuerpo provoca vómitos para expulsar un irritante del estómago, ¿por qué detenerlos? Si el cuerpo inicia una diarrea para echar materias putrefactas del tubo digestivo, ¿por qué pensar en suprimirla?

No debemos suprimir los trastornos que surgen en el momento de las modificaciones orgánicas. Sin embargo, la práctica común es combatir cualquier acción del organismo, haga lo que haga. La opinión mas generalizada considera la enfermedad como algo que debe ser perseguido, combatido, vencido, aniquilado o, para utilizar un término mas refinado “curado”. Es un mal que debe ser erradicado. Para mucha gente, la enfermedad es algo que acomete el cuerpo y el médico el cazador de enfermedad cuya meta es la sumisión de la morbosidad.

Comúnmente, la salud y la enfermedad se consideran como términos antagónicos. La enfermedad ataca el cuerpo en lugar de ser producida por él. Sostenemos que el cuerpo provoca la enfermedad como medio para restablecer la salud. La enfermedad representa una modificación de las funciones del cuerpo en un intento anormal, y a menudo violento, de devolver a los tejidos su estado normal. Por lo general, cualquiera que sea la alteración funcional producida por el organismo, se intentará impedirla. ¿Es éste un enfoque racional? En vez de eso, ¿no deberíamos intentar comprender sus mecanismos, causas y objetivos? ¿No deberíamos ser mas filósofos al respecto y ver mas allá de las meras apariencias?

Los higienistas entienden que la naturaleza de la enfermedad siempre es beneficiosa, aunque no necesariamente fructífera. Por lo tanto, si reconocemos el carácter curativo, defensivo, adaptador y reparador de la enfermedad, y cooperamos con el organismo proporcionándole las condiciones mas favorables para el restablecimiento de la normalidad funcional. Eliminando todas las obstrucciones y las causas de la enfermedad y suprimiendo todo cuanto impide el restablecimiento de la normalidad funcional, la salud es una meta alcanzable.

Ante todo, los síntomas deben ser comprendidos y no suprimidos. Para el higienista, únicamente representan una indicación de la actividad curativa del organismo y de los requisitos necesarios para el éxito de sus esfuerzos. Esta interpretación le permite comprender cuáles son los cambios que la persona enferma debe adoptar respeto a su modo de vida, si necesita reposo o ejercicio, alimento o no, trabajar o descansar y muchos otros aspectos de su existencia que deben de considerarse.

Una apreciación inteligente de la situación de salud y enfermedad sólo puede hacerse mediante la comprensión filosófica de la naturaleza de la enfermedad y su relación con la salud.

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