Las molestias que aparecen en las crisis de desintoxicación 

Al mismo tiempo que la Energía, la circulación sanguínea sufre una interiorización y con ello los órganos menos vitales en ese momento como la piel y las extremidades se encuentran frías y pálidas (manos y pies fríos). La sangre se concentra en el interior del organismo y principalmente en los órganos de eliminación y en las zonas enfermas.

Las Crisis de Desintoxicación se acompañan frecuentemente de toda clase de molestias y dolores localizados por todo el cuerpo; molestias y dolores de cabeza, vientre, riñones, hígado, ovarios…, los dolores y las molestias actúan como timbres de alarma que nos avisan de que algo se mueve en el interior de nuestro organismo, es la energía que intenta reparar las zonas dañadas.  Los depósitos de sustancias tóxicas se eliminan más fácilmente aumentando la circulación y la actividad metabólica del cuerpo, lo que con frecuencia da lugar a molestias y dolores.

Mientras se continúa con la misma forma de vida la enfermedad continua. Aparece la enfermedad crónica

Cuando el organismo no tiene una energía vital suficiente para provocar las crisis de desintoxicación o las cortamos con medicamentos o cualquier otro método o «remedio curativo», las toxinas no pueden ser eliminadas.  En apariencia la enfermedad se ha curado, pero esto no es cierto ya que el agotamiento y las sustancias tóxicas y de desecho no han sido eliminados. El cuerpo se ve obligado a arrinconarlas en alguna parte.

Si además la persona continúa con la misma forma de vida hay una acumulación progresiva de dichos elementos que con el paso del tiempo dan lugar a la llamada «ENFERMEDAD CRÓNICA». En ella hay un fallo inicial del funcionamiento y posteriormente una degeneración progresiva de la estructura de los órganos y tejidos del cuerpo.

La «Enfermedad Crónica» manifiesta e indica la forma de vida errónea de la persona, y continuará su avance progresivo mientras la persona no cambie y evite los errores que está cometiendo. La persona enferma ha roto el equilibrio con todo lo que le rodea y consigo misma. El tratamiento médico terapéutico puede ser solamente un intento de eliminar los síntomas y mientras tanto, al permanecer las mismas causas de «enfermedad», ésta continúa.

Tapamos, echamos una manta encima de la enfermedad y creemos que ha desaparecido solamente porque no la vemos. Es como si cerráramos las puertas, las ventanas y las persianas, para no ver el fuego del incendio provocado en el interior de nuestra casa. Saltándose la ley de Causa y Efecto, se intenta eliminar la enfermedad sin evitar sus verdaderas causas y por ello no se cura la enfermedad, sino que, y con ello no siempre, se anulan temporalmente los síntomas.

La Enfermedad Crónica es un estado de debilidad continua en el que el cuerpo se ha adaptado y ha aprendido a tolerar las toxinas a cambio de una pérdida de su vitalidad y donde falta fuerza para dar lugar a una eliminación aguda o Crisis de Desintoxicación. El organismo aprende a tolerar las toxinas del mismo modo que tolera el alcohol, el tabaco, el café o los medicamentos, cuando la persona se acostumbra a ellos. El cuerpo no siente nada al , pero su acumulación progresiva da lugar a la degeneración y destrucción celular.

La persona sana nota más síntomas con la ingestión de alcohol, tabaco, café… su cuerpo es mucho más sensible e intenta rechazar y eliminar las toxinas provocando: náuseas, vómitos, tos, mareos… El cuerpo enfermo y acostumbrado a la continua utilización de estos tóxicos no opone barrera en principio al ingerirlos, no nota síntomas, pero las toxinas se acumulan dentro dando lugar a la posterior intoxicación y produciendo la enfermedad.  La persona sana es como un río cristalino en el que al echar una sola gota de tinta vemos fácilmente su recorrido. Su cuerpo nota rápidamente la intoxicación y reacciona contra ella. El enfermo es semejante a un río contaminado, aunque echemos en él un barril de petróleo no se ve la porquería, el enfermo no nota el acumulo tóxico en sus células y por ello no lo rechaza.

El tratamiento médico de las crisis agudas: catarros, anginas, bronquitis, vómitos, diarreas, fiebre…, facilita la aparición de las enfermedades crónicas o degenerativas: bronquitis crónica, asma, enfermedades reumáticas, diabetes, cáncer… Impedimos con ello la acción de las válvulas de eliminación o crisis agudas.  Si el cuerpo produce vómitos para eliminar las sustancias irritantes del estómago, ¿por qué tratarlos?, si el cuerpo produce diarrea para eliminar la sucia materia enferma de los intestinos, ¿por qué eliminarla? Si la persona al comenzar a fumar, tose y se marea ¿por qué seguir haciéndolo? Al actuar de ese modo los tóxicos y las sustancias de desecho se acumulan en el interior y ocasionan con el paso del tiempo la Enfermedad Crónica.

Si mediante las crisis agudas no permitimos que el cuerpo elimine las sustancias perjudiciales, se abre paso a la Enfermedad Crónica, y luego a la enfermedad degenerativa y de destrucción de órganos.  Incluso la Enfermedad Crónica se desarrolla con crisis o «recaídas» temporales, siendo agudizaciones del mismo proceso, frecuentemente son repetidos intentos de curación, de dar marcha atrás y mejorar la situación de la enfermedad, aunque temporalmente aumenten las molestias.

La enfermedad no es una equivocación o un fallo en el funcionamiento del cuerpo, es una acción correcta de todo el organismo vivo en un intento de mantener la vida. 

Si los síntomas de la enfermedad nos resultan desagradables es para que nos demos cuenta de que vivimos erróneamente y hagamos un replanteamiento de nuestra forma de vivir. De igual modo nos molestan para que no nos guste estar enfermos y nos veamos obligados a buscar la salida con nuestro propio esfuerzo.

Con los medicamentos podemos eliminar los síntomas, pero no las causas de enfermedad, pues éstas seguirán actuando a menos que se produzca un cambio en la forma de vida, buscando la salud y el equilibrio. No nos damos cuenta que el poder de curación es una cualidad del organismo vivo, de todo ser vivo, y que la curación es un proceso biológico normal.  

Los síntomas indican un aumento de la expulsión de las sustancias de desecho y tóxicas:

En los riñones hay una eliminación de orina oscura y olorosa, acompañada a veces de arenilla o moco. En los pulmones hay una eliminación de flemas, moco, aliento cargado o con olor dulzón a acetona. En el aparato digestivo puede aparecer una inflamación de las encías, boca seca, labios secos, lengua pastosa y coloreada, saliva con gusto a tabaco, sal o medicamentos; vómitos, diarreas, gases. En los genitales puede ocurrir la aparición de flujo vaginal, alteraciones de la menstruación (regla más oscura de lo normal, eliminación de coágulos, adelantos y retrasos en el tiempo), gases vaginales. En la piel puede haber aumento de la sudoración o al contrario la aparición de piel seca, aumento de la grasa, granos, sarpullidos, descamación, formación de seborrea y caspa en el pelo. En los ojos puede haber una eliminación que dé lugar a una conjuntivitis. En los oídos a una otitis.

Las crisis de desintoxicación o la desintoxicación crónica se acompañan normalmente de otros síntomas más o menos molestos: Molestias digestivas: náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento, «tristeza» en la boca del estómago. Alteraciones respiratorias: Tos, dificultad respiratoria. Molestias al orinar: frecuentes ganas de orinar y dolor y escozor al hacerlo. Cansancio, debilidad general, dolores de cabeza, mareos. Dolores musculares o articulares. Cambios de carácter: nerviosismo, ansiedad, depresión, intranquilidad, apatía, excesiva sensibilidad, insomnio…

Síntomas de interiorización de la energía. Cuando estamos enfermos el cuerpo acelera el proceso de desintoxicación. El organismo aumenta el trabajo de recuperación interiorizando sus fuerzas, restándolas de otras funciones no tan necesarias en este momento. Debido a ello podemos notar: debilidad, fatiga, decaimiento, piel seca, caída del cabello, falta de apetencia sexual, desaparición de la menstruación… Esta inversión de fuerzas es pasajera y desaparecerá en cuanto descansemos.

Es importante estar al tanto de dicho proceso y no alarmarse ante la pérdida de peso. Deberemos tener siempre en cuenta que durante el proceso de la disminución de peso no hay pérdida de un solo gramo de sustancia o tejido vital para el organismo, el cuerpo elimina solamente lo que le sobra y le supone sobrecarga.

LA ENFERMEDAD ES UNA

No hay muchas enfermedades, la enfermedad es el agotamiento y la intoxicación que se manifiesta con síntomas diferentes. El cuerpo es una UNIDAD en la que la enfermedad es el resultado de la falta de equilibrio, y no podemos ni debemos intentar «curar» una parte sin la curación del todo. NO intentemos «tratar» el hígado, el estómago, los riñones, aislados de los demás órganos.

Frecuentemente al eliminar los síntomas de una zona, la «enfermedad» se manifiesta en otra diferente. Cambian los síntomas y su localización, pero continúa siendo la misma enfermedad. Son los conceptos de UNIDAD DEL CUERPO Y DE LA ENFERMEDAD. El cuerpo es uno y la enfermedad es la misma (agotamiento, desequilibrio energético, intoxicación) aunque los síntomas y la localización pueden variar con el paso del tiempo y los tratamientos médicos.

En este cambio de localización la enfermedad reaparece con los síntomas característicos de los órganos nuevamente afectados. Cuando alcanza el aparato respiratorio se acompañará inevitablemente de: tos, eliminación de flemas, dificultad respiratoria… y si afecta al aparato digestivo: náuseas, vómitos, diarrea. Si lo hace al aparato urinario: escozor o dolor al orinar, dolor en la zona, orina muy oscura y olorosa. En cualquier caso, es la misma «enfermedad».

Debemos caminar hacia una ciencia de la salud, hacia el estudio y el conocimiento de ese gran olvidado, nuestro organismo (cuerpo y mente) del que sólo nos acordamos cuando nos molesta. Tenemos que «reaprender» a comer, a respirar, a movernos, a tomar el sol, a sentir, a pensar, a relacionarnos con la naturaleza y las demás personas…, necesitamos volver a vivir.

Sin necesidad de estudiar a fondo la enfermedad y los cientos de formas de tratarlas, estudiemos la salud y la forma de conseguirla, respetando las leyes de la vida y las leyes. Queramos o no somos parte la naturaleza y si rompemos nuestro equilibrio con ella, aparece la disarmonía y la enfermedad.

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