Claudia siempre ha amado pintar. Durante su adolescencia pasó innumerables horas pintando de todo: imitó obras de grandes artistas, probó diversos estilos e hizo sus propios diseños. Sin descuidar la secundaria, constantemente se hacía lugar para desarrollar su arte, su pasión.

Por aquellos días soñaba con ser una artista profesional, expresar su creatividad al máximo y abrir su propia galería de arte. Pero sus padres no pensaban lo mismo. Al terminar la secundaria, Claudia “tenía que ir a la universidad”, y no podía estudiar arte porque “de eso no se puede vivir”. Sin cuestionar a sus padres, Claudia obedeció el mandato y empezó a estudiar comunicación, según ella la más “artística” dentro de las carreras tradicionales, o, mejor dicho, dentro de las carreras “serias”.

Pasaron los años y Claudia avanzó exitosamente en su formación académica y a sus padres les importó poco el hecho de que en ocasiones literalmente se cortara las venas. En sus tiempos libres siguió pintando y sus obras pasaron de ser coloridas a contener mucho negro e imágenes relacionadas con la muerte. Además, incursionó en la escritura, donde solía escribirles cartas a pintores del pasado contándoles cómo sentía que no encajaba en la sociedad y acerca de sus ideas suicidas.

Pasaron los años y Claudia terminó sus estudios, tiene un “buen” trabajo desde el punto de vista económico, no se suicidó y ya no se corta las venas. Sus padres están conformes porque su hija está siguiendo “el camino correcto”. Lo triste es que Claudia no se permitió a ella misma brillar y si bien es una joven económicamente “exitosa”, está frustrada con su vida. En sus tiempos libres ya no se dedica a pintar porque se siente exhausta. Por el contrario, toma bastante alcohol para “des estresarse” y disfruta comer en exceso, ocasionándole obesidad, problemas digestivos e hipertensión. Su relación con sus padres es bastante tensa porque ya no tolera que frecuentemente le digan que “tiene que casarse y tener hijos”, porque “ya no es tan joven” a sus 29 años.

Este caso real ilustra a la perfección el daño que las creencias sin cuestionar pueden ocasionar en la salud de una persona, tanto física como emocionalmente.

 ¿Qué es una creencia?

Una creencia es una idea que se considera verdadera y a la que se le da completo crédito como cierta. Es una valoración subjetiva que uno hace de sí mismo, de los otros y del mundo.

Las creencias nos filtran la realidad. La mayoría de ellas las hemos asimilado sin ponerlas en cuestión, sin pensarlas ni analizarlas. Muchas nos las han impuesto, por convencimiento o intereses de otros.

Probablemente todos tenemos al menos alguna creencia equivocada. El problema es cuando estas creencias son contrarias al sentir y le generan sufrimiento a la persona. Cuando no estoy persiguiendo mis sueños, hay que cuestionar si hay alguna creencia limitante que me lo está impidiendo.

Inteligencia es no creer que lo sabes todo, sin cuestionar, sino cuestionar todo lo que crees que sabes

 Algunas creencias irracionales comunes

Hay creencias irracionales en todos los ámbitos de la vida. Por ejemplo, la alimentación es un ámbito donde abundan mitos totalmente falsos, como que la fruta no es buena, que engorda, que causa diabetes o que no se puede comer de noche. También se dice que el desayuno es la comida más importante del día, cuando en realidad esto va en contra de nuestros biorritmos. En estos casos, estas creencias falsas nos afectan nuestra salud física de forma directa.

En la vida de pareja muchas personas piensan que no pueden ser felices sin estar con alguien. ¿Es esto realmente así? Otras personas piensan que si su pareja de verdad les ama, no debería necesitar salir con otras personas. ¿No estarán ahogando a sus parejas? ¿Acaso sus parejas no necesitan sus propios espacios ni tienen sus intereses personales? Por otro lado, algunos piensan que la llegada de los hijos resuelve los problemas de pareja. ¿Es esto cierto?

Otras creencias irracionales comunes que pueden hacerle sufrir a las personas son:

  • “Siempre tengo que ayudar a mis familiares, padres, hermanos, hijos. Mi ayuda es fundamental”
  • “Si no me llevo bien con mi padre soy mal(a) hijo/a”
  • “Es demasiado tarde para hacer cambios”
  • “Nunca deberías estar triste”
  • “No acepto la ayuda de nadie, porque incluso aunque la necesite, porque me han dicho que debo hacer todo por mis propios medios”
  • “Soy un inútil, no valgo para nada”
  • “Si bajo la guardia, las personas se van a aprovechar de mí”
  • “La gente siempre actúa por motivos ocultos”
  • “Si estoy solo algo malo va a ocurrirme”
  • “Debo de ser perfecto para ser aceptado”
  • “No se puede confiar en los demás”

«Tus creencias no están hechas de realidades. Es tu realidad la que está hecha de creencias» – Richard Bandler

 Las creencias en la aplicación higienista

Parte del trabajo que desarrollamos en el Centro Higienista de Madrid es cuestionar todas aquellas creencias que pueden estar limitando o generándole sufrimiento a la persona. En ocasiones, en un Programa Detox la persona puede llegar a cuestionarse la vida que ha llevado durante años y así tomar consciencia de creencias que le estaban generando sufrimiento, ocasionándole un gran bajón en el momento, pero una liberación para más adelante.

El trabajo consiste en que la persona identifique los pros y contras de la creencia. La idea es hacerle ver todas las consecuencias y una proyección a futuro de a dónde irá si se mantienen las creencias, que pueden ser llegar a ser catastróficas.

El cuestionamiento suele ser con preguntas tales como “¿Estás seguro que esto es así? ¿Y qué pasaría si no fuera así?”. De ahí es la propia persona quién responde, rompiendo sus propias cadenas. Normalmente se procede lentamente porque ir muy rápido le podría generar mucho desgaste a la persona.

«Cuestionar nuestras más arraigadas creencias requiere de mucho coraje porque implica aceptar que hemos podido estar equivocados toda la vida» – David Fischman

 Revisar el fundamento de las propias creencias nos puede ayudar a madurar como personas y a evitar ser arrastrados por las corrientes de opinión. Cuando las creencias se asumen ciegamente, pueden provocar violencia e imposición sobre otros. Revisar nuestras creencias y las de los demás, con un mayor pensamiento crítico, nos permitirá tener mejor y más asumido conocimiento, ser más libres y gestionar mejor nuestras vidas.

En ocasiones el mantenimiento de una creencia puede tener efectos contrarios con los seres queridos. En el caso de Claudia, por más que siguió los deseos de sus padres, su relación actual con ellos no es buena, porque mantiene rencor contra ellos. En realidad, no es culpa de sus padres: fue ella quien no les puso límites y quien no siguió su corazón.

 Creencias limitantes y potenciadoras

Una creencia limitante es aquella que nos impide conseguir nuestros objetivos. Por el contrario, una creencia potenciadora es aquella que nos potencia para conseguir nuestros objetivos. En cualquier área podemos tener un tipo u otro de creencias que nos generan resultados contrarios.

Algunos ejemplos:

Objetivo: aumentar la autoestima

Creencia Limitante: “No valgo, soy incapaz”

Creencia potenciadora: “Consigo todo lo que me propongo”. “Valgo mi peso en oro”

Objetivo: Depresión

Creencia Limitante: “La vida es una cuestión de suerte”

Creencia potenciadora: “Tengo seguridad en mí mismo/a”. “Me merezco lo mejor que la vida tiene para ofrecerme”

Objetivo: Relación de pareja

Creencia Limitante: “Todos son iguales”. “Todo me pasa a mí”

Creencia potenciadora: “Sé cuándo es momento de dejar ir y lo hago”

«Solo cuando la mente está libre de ideas y creencias puede actuar correctamente» – Jiddu Krishnamurti


Como se dijo, el trabajo del terapeuta consiste en hacer tomar consciencia a la persona de sus creencias y cómo le pueden estar afectando. Luego, si la persona decide no tomar acción, ya no es responsabilidad del terapeuta. En estos casos, es importante entender que la negación a ver la verdad tiene sus consecuencias. En su libro “El camino menos transitado”, el psicólogo estadounidense Scott Peck indica que “la verdad o la realidad se evita cuando resulta dolorosa.” Sin embargo, dice que “siempre debemos considerar que la verdad (determinada de la mejor manera posible) es más importante, más vital para nuestro interés que nuestro bienestar. (…) La salud mental es un proceso continuo de dedicación a la realidad a toda costa.” En otras palabras, mantener falsas creencias nos llevará a la enfermedad mental en algún grado, por tanto, es clave cuestionarlas.

“Cuando un hombre honesto descubre que se ha equivocado, o deja de estar equivocado, o deja de ser honesto” – Anónimo

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