Para entender el proceso de las hemorroides, imagínate las venas del recto y del ano como si estuvieran en la base de una larga columna vertical de sangre. Esto significa que estos pequeños vasos sanguíneos soportan todo el peso de esta columna, que ejerce una presión constante. Esta presión aumenta al defecar, sobre todo si las heces son duras y secas y se necesita realizar más esfuerzo del habitual para expulsarlas del recto. Las venas hemorroidales tienen unas paredes especialmente delgadas, de forma que pueden aumentar su tamaño normal 4 o 5 veces. Una vez que se han expulsado las heces y ya no se ejerce presión, vuelven a su tamaño normal. Sin embargo, si el sobreesfuerzo se realiza muy a menudo y las venas son especialmente delgadas y débiles, seguirán hinchadas y no volverán a encoger.

Al engordar con la sangre que no fluye, las venas soportan la presión realizada al defecar, provocando que las venas hemorroidales salgan. También pueden salirse al levantar un objeto pesado. Las venas hinchadas provocan una vaga sensación de pesadez, quizá algún picor e incluso dolor. No sólo se ven afectadas algunas venas hemorroidales, sino que también se pueden romper otros vasos sanguíneos y provocar que salga sangre. Si las heces siguen siendo duras y secas, y sigues haciendo un sobreesfuerzo, el saco que forma las hemorroides puede romperse un poco y sangrar. Como resultado se puede ver sangre fresca y roja en el papel higiénico e incluso en el retrete.

¿Cuál es la solución? ¿Tomar laxantes? ¿La cirugía? Si el sobreesfuerzo o las heces duras son la causa irritante, entonces, debemos buscar la causa subyacente. ¿Qué provoca el estreñimiento? Para encontrar la respuesta, comprueba qué principios de las leyes de la naturaleza está violando.

Clases de hemorroides

Existen tres clases de hemorroides: externas, anales e internas. Las externas se localizan alrededor del borde del ano. No son problemáticas, a menos que se formen coágulos sanguíneos o que se dañen y se rompan cuando el individuo que padece esta variedad piensa que son hemorroides internas que se han salido e intenta colocarlas dentro del ano con el dedo. Puesto que una hemorroide externa no se puede mover, esto es algo imposible.

Las hemorroides anales se encuentran dentro del canal anal y están situadas entre las hemorroides externas e internas. Las internas se sitúan sobre el canal anal y están cubiertas por la membrana mucosa del recto. La gran diferencia entre las externas y anales con las internas es que con las primeras aparece muy poca sangre, mientras que en las hemorroides internas uno de los primeros síntomas suele ser las hemorragias.

Coágulos sanguíneos

Un coágulo sanguíneo (hemorroide trombótica) ocurre cuando se ha roto la vena y ha entrado alguna sangre en los tejidos circundantes. Esta afección provoca un dolor considerable y gran sensibilidad en la zona inmediata.

Los coágulos sanguíneos siempre desaparecen por sí solos, sin ninguna ayuda externa. La sabiduría innata del cuerpo sabe cómo tratar estas anomalías.

¿Por qué tienes hemorroides?

En vez de revisar su estilo de vida general, la mayoría de las personas toman medicamentos para suprimir los síntomas de las hemorroides. Además de ser casi por completo ineficaces, pueden provocar muchos daños. Se ha calculado que el uso de estos específicos para curar las hemorroides provoca daños en al menos el 90% de las personas los usan. El 10% restante no sufre daños importantes, aunque tampoco reciben un gran beneficio. La razón de que estos específicos no curen las hemorroides surge de un desconocimiento de la naturaleza de la enfermedad. Los médicos han hecho creer a la gente que esta enfermedad es local en su origen y en naturaleza. En realidad, las almorranas son el resultado secundario de un estado de toxemia y de debilitación corporal.

Cuando, por cualquier razón, se administran fármacos, el cuerpo intenta deshacerse de estos potentes venenos. Cuando esto se repite, el cuerpo se debilita más y más, los órganos agotan su energía vital, los movimientos intestinales se hacen más lentos y aparece el estreñimiento. En consecuencia, la inflamación de la parte baja de los intestinos provoca lo que, con el tiempo, dará lugar a la formación de las hemorroides.

Cuando los medicamentos venenosos no son los que provocan el debilitamiento y la toxemia, es muy probable que se deban a un estilo de vida sedentario, al uso de alimentos refinados y concentrados, a las comidas muy sazonadas y excitantes, y a no poner en práctica otros principios fundamentales para la salud. Cuando persistimos en esa clase de hábitos debilitadores, los intestinos se trastornan y la energía nerviosa de la que depende toda la actividad resulta deficiente. Se produce la congestión de los vasos sanguíneos y aparecen crecimientos de tipo tumoroso que provocan dolores excesivos. Siempre que la persona realiza un movimiento intestinal, las venas se agrandan y, bajo la presión del músculo esfinter, se sobrecargan tanto de sangre y de material tóxico que el pus y el fluido salen, y la persona padece lo que se ha llamado hemorragia hemorroidal.

Puesto que las hemorroides surgen debido a un estado general de toxemia, usted debería considerar el cuerpo como una unidad y ponerse como meta el estar totalmente sano. En otras palabras, cuando se consigue un estado general de salud, las hemorroides desaparecen por sí solas. Esto sólo puede conseguirse llevando una vida sana.

Si padeces de hemorroides, y quieres normalizar esta situación, ponte en contacto con nosotros y solicita una primera consulta gratuita.

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