Millones de personas tienen altos niveles de colesterol en su sangre, hasta tal punto que están en un umbral peligroso para su salud e incluso para sus vidas. Muchas de ellas están preocupadas y deciden tomar medidas para reducirlo a niveles considerados seguros. Otras en cambio, millones, mueren anualmente en todo el mundo, especialmente en los países más industrializados, por enfermedades cardiovasculares, las cuales están relacionadas directamente con el exceso de colesterol provocado por el consumo de una dieta compuesta principalmente de alimentos animales repletos de colesterol. Parece entonces que tenemos que evitar a toda costa el colesterol, sin embargo, sin esta sustancia no podríamos vivir.

El colesterol es una sustancia necesaria para el funcionamiento correcto de nuestro organismo. Es soluble en grasa sintetizada por el hígado, intestino y otros tejidos. El cuerpo lo usa en todos sus tejidos. Existe en el cerebro, en la columna vertebral, y la piel. Es parte de los materiales necesarios para fabricar sales biliares, hormonas sexuales, adrenales y vitamina D. Combina con las proteínas para permitir que las grasas sean transportadas a las células. El hígado produce 3.000 mg al día de colesterol tanto si el colesterol está presente en la dieta como si no, y esta cantidad es suficiente para todas sus funciones. Todo el colesterol extra que provenga de fuentes externas es un exceso para nuestro organismo, que tendrá que descomponer. Una parte limitada del mismo es eliminado por el hígado, el resto es depositado a lo largo del interior de las paredes de las arterias. Cuando estos depósitos aumentan, las arterias se endurecen o estrechan (arteriosclerosis) y la circulación es seriamente dañada contribuyendo a muchos problemas: pérdida de audición, calvicie, falta de respiración, mareos, hipertensión, ataques al corazón, etc. Todos los tejidos del cuerpo son dañados ya que solo una cantidad reducida de oxígeno y nutrientes alcanza las células.

El contenido de colesterol en los alimentos de origen animal es considerablemente más alto en comparación al contenido en los alimentos de origen vegetal. Por tanto, cuanta mayor cantidad de alimentos de origen vegetal pongamos en nuestra dieta habitual, menor colesterol extra tendremos y menor posibilidad de que se obstruyan nuestras arterias. Por otro lado, cuantos más productos de origen animal comamos, más colesterol habrá en nuestro cuerpo y mayor posibilidad de desarrollar la enfermedad cardiovascular.

No obstante, un estilo de vida saludable, con una actividad física moderada, biorritmos adecuados, en contacto con la naturaleza, con emociones y relaciones interpersonales sanas deberán ser factores imprescindibles en la recuperación del bienestar. Por tanto esos cambios serán necesarios en nuestra dieta y también en nuestro estilo de vida y resultarán altamente beneficiosos para recuperar un buen funcionamiento de nuestras arterias.

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